domingo, 30 de marzo de 2014

Acerca de la naturaleza

Tales de Mileto
La filosofía occidental la inauguró (dicen) un tal Tales de Mileto a finales del siglo VIII a. C. y con él nació la mal llamada "filosofía presocrática". Este conjunto variado de filósofos fue en realidad un grupo dispar de hombres inquietos que formularon preguntas varias acerca de lo real. En el intento de responderlas, las pusieron por escrito mediante tratados intitulados casi todos ellos Acerca de la Naturaleza. Estos escritos se fueron perdiendo en el transcurso de los siglos y sus líneas de pensamiento nos han llegado a través de autores posteriores que comentaron sus obras, bien porque dispusieron de los escritos mismos o bien porque los recogieron de una tradición oral. En cualquier caso, lo importante aquí es subrayar que no eran muy originales en el título de sus libros, aunque sí en sus teorías (1). Solían, pues, titular sus tratados con esas cuatro palabras que dan nombre y origen a este blog.
Lo curioso de titular así estas primeras teorías filosófico-científico-teológicas es que a estos primeros filósofos reconocidos les intrigaba lo natural, esto es, todo aquello que les rodeaba, todo lo que les acontecía y percibían a través de sus sentidos. Trataron de comprenderlo y para ello lo definieron e, incluso, lo sistematizaron. Fue una labor increíble y somos deudores de ellos en nuestra forma de pensar y actuar al menos en un cincuenta por ciento. Del otro cincuenta hablaré en otra entrada.


Higuera
Allí donde nació y creció nuestro primer filósofo, la ciudad griega de Mileto, es hoy la provincia de Aydin, en la actual Turquía. Se trata de una región próxima al mar Egeo conocida por su gran producción de higo. El higo es el fruto del árbol ficus carica, también conocido como higuera. Se trata de un árbol de la región mediterránea de la familia de las moráceas, de crecimiento rápido, con forma esférica, de copa densa y muy ramificada. Es de hoja caduca y su corteza es lisa y grisácea. Lo singular de este bello árbol es que su flor se halla en el interior de un receptáculo globoso, es decir, dentro de su propio fruto, el higo o la breva. A ello unimos una significación mucho más universal y transcedente: es el árbol del Evangelio. Lo encontramos citado en varias ocasiones, bien como anuncio del Señor (Mt 24, 32-35, Mc 13, 28-32, Lc 21, 23-33), bien como prueba del poder de la fe y la oración (Mt 21, 20-22, Mc 11, 20-25). Así nos lo narra San Mateo en su parábola: "cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todo esto, sabed que Él está cerca, a las puertas". 

1. Para una didáctica y amena exposición del pensamiento presocrático, veáse De Tales a Demócrito. Fragmentos presocráticos. Alberto Bernabé, Alianza Editorial.

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